Categorías
Literatura japonesa

5 libros de escritores japoneses

Un recorrido por la historia de la literatura japonesa con sus escritores más relevantes y libros recomendados

por Victoria Cardoso

Es sabido que actualmente son muchos los escritores japoneses que se encuentran entre los más leídos en el mundo. 

Al preguntar sobre escritores japoneses es imposible no pensar en Yasunari Kawabata, Haruki Murakami, Yukio Mishima, Ryūnosuke Akutagawa y muchos otros autores reconocidos a nivel mundial. 

Para poder dar a conocer una pequeña parte del vasto mundo de escritores japoneses partiremos desde el período Edo, que va desde 1603 a 1868, hasta llegar a la actualidad. 

Qué es el haikú – escritores japoneses

En aquella época se destaca principalmente el género poético conocido como haiku, con varios escritores de renombre como Matsúo Basho (1644-1694), Yosa Buson (1716-1784) y Kobayashi Issa (1763-1827). Muchos de estos escritores japoneses eran también monjes budistas. Había una fuerte relación entre el arte y la religión. 

El haikú es un poema de 17 sílabas repartidas en tres versos: el primero de 5 sílabas, el segundo de 7 y el último de 5. Desde el contenido, suele dividirse en dos partes: una da la condición general de tiempo y espacio (otoño, primavera, atardecer, noche, un árbol, una roca). La otra contiene un elemento activo. Una es descriptiva y casi enunciativa; la otra inesperada. La percepción poética surge del choque entre ambas.

Un viejo estanque:
salta una rana. ¡Zás!
qué chapaleo

Matsúo Basho

Al Fuji subes
despacio –pero subes,
caracolito.

Kobayashi Issa

El período Meiji de la literatura japonesa

Un poco más cerca en el tiempo, están los escritores japoneses del período Meiji, que va de 1868 hasta 1912. Japón abre sus puertas a Occidente luego de haber estado aislado durante años y es a partir de este momento que comienza a haber fuertes contactos entre escritores occidentales y escritores japoneses. Las influencias extranjeras comienzan a permear en la sociedad japonesa afectando en todas las esferas de la vida social. 

En este período los escritores japoneses más influyentes son Mori Ogai y Natsume Soseki. Ambos escritores tuvieron contacto con occidente, Ogai viviendo y estudiando en Alemania y Soseki en Inglaterra. Una de las cosas más interesantes para mencionar sobre este período es que a partir del gran choque cultural que se dio tras la apertura de Japón, los escritores japoneses comenzaron a cuestionar el concepto de novela moderna tal y como era concebida en occidente, generando nuevas formas de expresión artística. 

Otros escritores japoneses que es imposible no mencionar son Ryunosuke Akutagawa, autor de Rashomon que tuvo su versión en cine filmada por Akira Kurosawa, y Junichiro Tanizaki, autor de El elogio de la sombra, siendo ambas obras fundamentales dentro de la literatura japonesa.

El período de posguerra y los escritores japoneses contemporáneos

Respecto al período de posguerra, se destacan escritores japoneses como Yukio Mishima, autor prolífico de novelas, obras de teatro, relatos y ensayos, y Osamu Dazai, cuyas obras reflejan el sentimiento de la derrota y los traumas de la guerra. 

En cuanto a los escritores japoneses contemporáneos, podemos mencionar a Haruki Murakami, que retoma la influencia de la música occidental, principalmente el jazz. Sus obras reflejan el desamor y la soledad, como a la vez los límites difusos entre la fantasía y la realidad. Su hit en español fue Tokyo Blues (1987), pero también se destacan Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1995), Sputnik, mi amor (1999), Kafka en la orilla (2002), After Dark (2004), y 1Q84 (2009). Otras escritoras japonesas destacadas son Banana Yoshimoto con su novela debut Kitchen, y Sayaka Murata con su libro La dependienta.

Tampoco podemos dejar de mencionar a Yasutaka Tsutsui, eminencia de la ciencia ficción, con obras como Paprika y Los hombres salmonela en el planeta porno, entre muchas otras.

A continuación te recomendamos cinco libros de escritores japoneses.

Segundo matrimonio – Yasunari Kawabata

“Cuando nos casamos, yo tenía treinta y cinco y ella veintiocho. Primer matrimonio para mí, el segundo para mi mujer. Con su anterior marido, había tenido dos hijos, que quedaron a cargo de la familia política, pues al enviudar ella abandonó el hogar. Nos conocimos en su trabajo y nos casamos.

No pudimos tener hijos y como me sentía en parte responsable, varias veces le propuse recibir a uno de los suyos (al varón o a la niña, que a mi juicio lo merecía más), pero nunca me prestó atención y yo no insistía pues no era un asunto perentorio”.

Con este comienzo prometedor, arranca esta novelita (102 páginas) de Yasunari Kawabata (1899-1972) que se lee en un suspiro. El conflicto se desata en “Segundo matrimonio” cuando Fusako, la hija de la mujer del narrador, decide casarse, lo cual le dispara indagar en la relación de su madre con su difunto padre. Reavivar esa historia lejana despierta el fantasma de la inquietud y los celos para el narrador, quien también deja entrever una tensión (por momentos sexual) con su hijastra. Como en otros libros de Kawabata, hay un par de momentos contemplativos que le dan un giro a la historia: la visión de un manzano en un templo y el vaivén de las olas.

“Segundo matrimonio” se publicó por entregas en 1948, y recién en 1953 se editó como libro.

La dependienta – Sayaka Murata

Al leer La dependienta de Sayaka Murata (Japón, 1979) , uno siente que puede cuestionarse muchas cosas que son más bien automáticas en nuestro día a día: el trabajo, los vínculos, la mirada del otro sobre nuestras acciones y todas aquellas cosas que hacemos para sentirnos tranquilos (y de vez en cuando felices) en un mundo que no para ni un segundo.

Keiko Furukura tiene 36 años, es soltera y toda su vida sintió que había algo en ella que no encajaba con las demás personas a su alrededor. Se peleaba con sus compañeros del colegio, no se sentía a gusto con las cosas que se suponía que debían gustarles a las chicas de su edad y en muchas ocasiones los demás hablaban de ella como algo que debía ser “curado”. Sin embargo, esa visión que tiene de sí misma comienza a cambiar luego de conseguir trabajo como empleada en una tienda que se encuentra abierta las veinticuatro horas, los trescientos sesenta y cinco días del año:

“Entonces sentí por primera vez que formaba parte del mundo, como si acabara de nacer. Aquel día había surgido una nueva pieza que encajaba con total normalidad entre las demás: yo”.

La novela nos habla, en parte, de lo que significa ser normal y funcional en la sociedad japonesa contemporánea. Y no es cualquier sociedad a la cual pertenecer. Hablamos de una sociedad en la cual las mujeres, al casarse, automáticamente dejan de trabajar para encargarse de sus hijos y de sus hogares. Hablamos de una sociedad en la que los niños cometen suicidio porque desde pequeños tienen que cumplir con una extenuante y rigurosa vida escolar y en donde muchas personas fallecen por el estrés y el excesivo ritmo laboral . En una vorágine similar, es casi imposible dar marcha atrás.

La mejor opción parecería ser reprogramar nuestros circuitos (siempre que sea posible) y salir al mundo, cual autómatas, esperando pasar desapercibidos o perecer en el intento. Publicada por Duomo Ediciones.

El signo de los tiempos – Sakunosuke Oda

El signo de los Tiempos

La editorial También el caracol publicó El signo de los tiempos, que reúne 4 relatos. El que da título al libro, más «Bajo la sexta estrella de metal blanca», «Ciudad de árboles» y «Otoño profundo».

Kitchen – Banana Yoshimoto

Es la primera novela de la autora, Banana Yoshimoto, y una de las mejores, según la opinión de los lectores. Publicado en 1988 y traducido al castellano en 1991, el libro se divide en la novela Kitchen y el cuento “Moonlight Shadow”. Ambos retratan la pérdida de los seres queridos y la capacidad de los personajes de superar la tristeza a partir del amor, amor hacia otras personas o hacia los electrodomésticos. La relación que tenemos con los objetos inanimados puede ser una forma de trabajar nuestros duelos, funcionando como puentes entre lo que permanece en este plano y aquello que ya no existe entre nosotros. 

La canción del arrozal – Lafcadio Hearn

De madre griega y padre irlandés, Lafcadio Hearn (1850-1904) viajó a Japón en 1890 y se deslumbró a tal punto con su cultura que se hizo budista, se nacionalizó japonés, cambió su nombre al de Koizumi Yakumo y murió en Tokio.

La canción del arrozal es un compendio de ensayos suyos que hablan sobre animales e insectos en la poesía japonesa. Así, los capítulos se llama: Ranas, Cigarras, Libélulas, Mariposas, Luciérnagas, y el último y más asombroso, Insectos músicos. La edición viene con ilustraciones hermosas de @manu.s1m

«Me pasó el otro día en la costa de Suruga. Mientras descansaba debajo de los pinos que bordean la playa, algo en el calor vital y la paz luminosa de ese momento del día -una especie de rapto conmovedor de viento y luz- reavivaron de pronto una antigua creencia mía: la creencia de que todos los seres somos uno. Me sentí uno con la brisa y con el avance de las olas, con cada movimiento de sombras y cada destello del sol, con el azul del cielo y del mar, con el imponente silencio verde de la tierra. Me convencí, de un modo nuevo y maravilloso, de que no pudo haber nunca un principio, de que no podrá haber nunca un final».

Categorías
Ensayo

La epilepsia del cielo – Joris Karl Huysmans

Quienes hayan oído hablar de Joris-Karl Huysmans (1848-1907), sabrán que su novela de culto “À rebours” (1884) fue traducida al español como “A contrapelo” o “Al revés”, modeló al decadentismo inglés cultivado por Oscar Wilde y sirvió de inspiración a Michel Houellebecq en su novela “Sumisión”. Los artículos de “La epilepsia del cielo” dejan ver otro perfil suyo: el de crítico de pintura y cronista cómico. Vayan como muestra unos párrafos de “Los habitués del café”:

“Hay bebidas que pierden su sabor, su razón de ser, cuando no se las bebe propiamente en un café. En casa, o en casa de amigos, se hacen apócrifas, groseras y chocantes. Es el caso de los aperitivos. Cualquiera que no sea alcohólico, se da cuenta de que el ajenjo servido en la mesa de la cena se vuelve agrio a la boca y se vacía de sentido. Despojados de su debido medio, los ajenjos y los licores cítricos, los vermouths y los bitters lastiman por la brutalidad de su sabor ardiente y duro. ¡Y vaya si son bebidas difíciles!” (…)

“Y sin embargo estas bebidas fatales para el estómago, que súbitamente cortan el apetito, se imponen a quien las degusta en una barra de mármol mal lavada. Lo incomprensible de estos individuos es que vuelven y vuelven al café a ingerir los mismos corrosivos que podrían conseguir de mejor calidad, y más baratos, en una tienda, y disfrutarlos cada uno en su casa. Pero los obsesiona el hechizo del lugar público; ahí es donde comienza el misterio del café”.

Editado por Ivan Rosado
Ilustración de tapa: Fátima Pecci Carou

Categorías
Narrativa Novela

El libro del verano – Tove Jansson


Se trata del primer libro de la autora finlandesa creadora de los «Moomin», publicado en nuestro país. «Una artista anciana y su nieta de seis años pasan los veranos en una pequeña isla del archipiélago finlandés. La abuela es algo malhumorada y poco sentimental; Sophia, impetuosa y volátil. Una conoce profundamente la vida, la otra está ansiosa por saberlo todo. Juntas exploran la isla y sus secretos, inventan historias para explicar los misterios que las circundan, mientras se preguntan sobre la vida, la muerte, la naturaleza que las rodea, el amor»

Publicado por: Cía Naviera Ilimitada

Otros libros de la autora en Pispear:
– La Verdad Increíble – Tove Jansson
– Juego Limpio – Tove Jansson

Categorías
Literatura Argentina Poesía

Monoimi – Leandro Diego

«Monoimi» de Leandro Diego es un libro atípico, como la época. 93 poemas cuya acción sucede en el Garlic (ajo), un bar más mental que físico, donde habitan personajes como Don Yatel, el Tabunco, Darlith, la gorda Cultura y un “él” que observa todo desde afuera mientras escribe “en su cuaderno Moleskine*”.

A mitad de camino entre el Bar Princesa donde bailaba la Gran Lady redonda y el “Café Bretaña” de Santiago Sylvester, el escenario de “Monoimi” no se compone tanto de una barra, copas y botellas, sino del cruce de tonos y discursos: los soliloquios de esas sombras que se mueven en el bar, cruzando la filosofía con la calle, el zenismo con la publicidad e internet.

Muchas escenas del libro transcurren en la «noche retórica», antes o después de «la elipsis»: hechos que se presumen pero no se cuentan y arman un núcleo de sentido imposible de asir.

Curiosamente, el título del libro refiere a un concepto contrario a la vida pública que pide el bar. Una de las acepciones de monoimi
物忌み es recluirse en el hogar para evitar ambientes impuros. Tal vez solo desde ahí pueda contarse lo que la noche dejó atrás “en la cuadra, en el ghetto, en el barrio”.

#62

voy a poner un bar
había dicho el Tabunco
cuando la hija se le instaló
en la casa;
y cambió de oficio,
de ideología
de fe

un bar sin cultura,
en esta misma cuadra
en el que nada se archive
ni se repita:
un bar
donde las cosas siempre estén pasando y
nada pueda transmitirse

Editado por Años Luz Editora
foto de tapa: Florencia Viadana

Categorías
Narrativa argentina

Un poeta nacional – C. E. Feiling

Esteban Errandonea extrajo su reloj del chaleco y comprobó que había llegado a la cita con algunos minutos de antelación. Eran exactamente las nueve menos cinco, y a su alrededor la ciudad bullía enfebrecida. Capital de la República desde 1880: solo veinticuatro años durante los cuales había crecido de un modo tan desaforado como abrumador. Le molestaba especialmente ese tráfago de las calles del sur, del centro; estudiando los rostros que pasaban frente a él –frente a la maciza puerta que no se atrevía a golpear, temeroso de que confundiesen su premura con obsecuencia–, pensó que la inmigración era obscena. Italianos, polacos, irlandeses, rusos: la escoria del mundo desfiguraba a la ciudad mientras el Gobierno persistía en su incontinente política. El Gobierno. Un remordimiento lógico e irrefutable –pero pronto silenciado– comenzó a roerle el estómago. Venía, después de todo, a mendigar un cargo público, algo que le permitiese seguir escribiendo. Maldijo nuevamente su falta de clase, el apuro casi proletario que le llevaba a exagerar la puntualidad. Para provenir de una familia con siglos en el país, cuyo árbol genealógico era la envidia –así pensaba Errandonea entonces–de las nuevas fortunas, tenía actitudes demasiado vehementes. El énfasis lo delataba: ropas negras, impecables polainas, pelo largo, porte envarado. Hasta la ausencia de pilosidades sobre el rostro era tan redundante como su miopía. Todo revelaba su ambición de ser el más grande, el vate oracular de un país sin literatura.”

Así empieza Un poeta nacional, la novela de aventuras que C. E. Feiling (1961-1997) publicó en 1993 y que hace poco reeditó Alto Pogo

Sobre Un poeta nacional, Feiling dijo: “El de la novela es realmente un hombre de acción, como lo fue Lugones, mucho más que los supuestos hombres de acción que le comisionaban las cosas. No quise transformarla en una novela histórica, por eso el nombre del personaje está cambiado (Errandonea), el país no se dice, y por eso el título: porque «el poeta nacional» es una circunstancia prototípica de América Latina de fines del siglo XIX y principios del XX.”

Otros libros del autor en Pispear:
– El Mal Menor – C. E. Feiling
– El Agua Electrizada – C. E. Feiling

Categorías
Cuentos Narrativa

Tostadas de jabón y otros cuentos – Julian Maclaren Ross

Tostadas de Jabón, es el primero de los 11 cuentos que reúne esta antología (publicada en 2012) de Julian Maclaren – Ross (1912-1964), escritor y guionista inglés. Con tintes autobiográficos, estos relatos te empapan de vivencias del autor. Desde una novia fugitiva en Londres («Tostadas de jabón»), a sufrir una noche en que un grupo de amigos casi es asesinado en una rebelión popular en Madras, India («Una noche tremenda») y veranear con un grupo de amigos en el sur de Francia que juegan y se pelean al alabar a Buda y Brahma en el sur de francia («El sumo sacerdote de Buda»), estos relatos resultan una linda invitación a conocer al autor de «Amor y hambre» y quien fuera considerado «el héroe más oculto de la lieratura inglesa».

Publicado por: La Bestia Equilátera

Otros libros del autor en Pispear:
– Veneno De Tarántula – Julian Maclaren Ross
– De Amor Y De Hambre – Julian Maclaren Ross

Categorías
Novela

Breviario de pequeñas traiciones – Ramón Bueno Tizón

“Breviario de pequeñas traiciones” es la historia de una chica limeña que reparte su tiempo como maestra jardinera y prostituta de lujo. A través de saltos temporales en la historia, que nunca te hacen perder el hilo, la narración se desdobla entre una tercera persona y Dafne o Valeria -lo que amerita una lectura atenta.

La novela del escritor peruano Ramón Bueno Tizón describe la relación entre sexo y dinero, como así también las pequeñas traiciones que suscita.

Publicado por Editorial Candaya
Arte de tapa: Nuria Tomás

Otros títulos del autor en Pispear:
– La Mujer Ajena – Ramón Bueno Tizón

Categorías
Cuentos Literatura japonesa

La primavera llegó en un carro tirado por caballos – Riichi Yokomitsu

Riichi Yokomitsu nació en Tokio en el año 1898, solo algunas décadas después del impacto de la Restauración Meiji y el implacable avance de la modernidad en la sociedad japonesa (1868-1912).

Perteneció, junto con Kawabata, a un grupo literario llamado Shinkankakuha (新感覚派) o «escuela de las nuevas sensaciones» donde se propusieron explorar nuevas percepciones en la escritura de la literatura japonesa.

Lamentablemente, en occidente su obra no fue apreciada de la misma forma que en Japón… Hasta ahora, que llegó la hermosa edición de También el caracol : “La primavera llegó en un carro tirado por caballos” (Haru wa basha ni notte). Traducido directamente del japonés por Mariana Alonso, Masako Kano y Gabriela Occhionero, el libro está compuesto por cinco cuentos.

Tiempo – 時間 (1931)

“¿Qué es eso, entre la vida y la muerte, que se eleva en olas de colores cambiantes, en vapores tan alegres como el cielo? Me pregunto si no será la cara de ese temible monstruo que nadie pudo ver todavía: el tiempo.”

La primavera llegó en un carro tirado por caballos –
春は馬車に乗って (1926)

“Nunca había pensado en evadir las tantas olas de sufrimiento que se le venían encima, una tras otra. El origen de estas olas, cada una distinta, existía en su propia carne, y había estado ahí desde el principio. Había decidido probar esos sufrimientos como la lengua prueba el azúcar, para mirarlos con la luz total de todos sus sentidos. Se preguntaba cuál de ellos tendría mejor sabor al final.
Mi cuerpo es un frasco de laboratorio, pensó. Lo más importante es que sea transparente.”

Máquina – 機械 (1930)

“Pero por más claro que me resultara a mí, ¿había una forma de calcular cuán claro era en la realidad? En cualquier caso, hay una máquina invisible para la que todo resulta claro, que nos mide a todos sin descanso, y nos impulsa a actuar de acuerdo con sus mediciones.”

Publicado por: También el caracol
Traducción directa del japonés: Mariana Alonso, Masako Kano y Gabriela Occhionero

Otros libros de literatura japonesa de También el caracol:

– El Signo De Los Tiempos – Sakunosuke Oda
Bajo Un Cielo Oscuro Cargado De Nieve – Antología
– La Ópera Japonesa De Los Tres Centavos – Rintaro Takeda

Categorías
Cuentos Narrativa argentina

El mar de los lobos – César Sodero

«El mar de los lobos» es el segundo libro de César Sodero , quien estrenó en 2020 su primera película, «Emilia», en el doble rol de director y guionista. El pulso de la escritura cinematográfica se ve en los 9 cuentos de este libro intenso y descolocante. Los diálogos entre personajes siempre hacen avanzar la historia (y entran sin rayas ni comillas como frente a la cámara), el desarrollo de la acción (que nunca para) está ligado a la transformación simbólica y emocional de los protagonistas. Cuentos que son películas.

«La pira», «Santa Ana», «Trampas» y otros del libro parecen descansar sobre esta premisa: hay una expectativa de divertirse y pasarla bien, pero los hechos se ocupan de hacer que no se cumpla. La lucha entre el control racional y lo inmanejable de las emociones se da en mundos imaginarios muy disímiles: un naufragio, una riña de gallos, pueblos perdidos. Como un hilo invisible que hilvana las historias, en todos los cuentos hay animales con un rol clave: desde una especie de humano chancho, hasta perros, lobos, zorros y un toro mecánico que cobra vida.

«El mar de los lobos» es también un libro de aventuras, donde la violencia de las acciones precipita pequeñas epifanías: somos animales, somos algo, en contraposición al clásico «no somos nada».

Publicado por Alto Pogo
Diseño de tapa: Mariana Uccelllo

Categorías
Narrativa

Imposible salir de la tierra – Alejandra Costamagna

El último cuento de «Imposible salir de la tierra» condensa en el personaje principal la poética intrínseca a este libro de Alejandra Costamagna (Santiago de Chile, 1970). Un hombre llamado Canossa que vive empastillado se enamora hasta la obsesión de Alia, una chica que trabaja de boletera en un cine. Empiezan a salir, se mudan a un pueblo del interior, compran un hotel para remodelarlo, pero la falta de fármacos más la fiebre de los celos por un tío de ella crean un cóctel explosivo en Canossa que, como primer síntoma del raye, se observa a sí mismo desde afuera. Esa posición distanciada de los hechos se traslada al resto de lxs narradorxs del libro, que cuentan las historias en una tercera persona omnisciente, generalmente desde la perspectiva de una mujer.

Los 10 cuentos de «Imposible salir de la tierra» te pasean por distintos mundos y tonos, aun cuando la muerte ronde en todos. De la calle al pueblo y la ciudad desolada, del realismo significativo de «Gorilas en el Congo» y «Are you ready?», a lo extraño y fantástico en el brillante «Cuadrar las cosas», sobre una mujer que decide construir un hijo. En ese sentido, varios de los cuentos parecen hablar en clave simbólica sobre temas contemporáneos del modo en que lo hace la ficción de talla: sin dejar rastros de las costuras. Todas las mujeres del libro toman las riendas de las relaciones.

«Imposible salir de la tierra» es el cuarto volumen de cuentos de Alejandra Costamagna. Tiene, además, un libro de ensayos y cinco novelas; la última de ellas, «El sistema del tacto», fue finalista del Premio Herralde 2018. En la contratapa de «Imposible…» recomiendan leerla Roberto Bolaño, Mariana Enriquez Alejandro Zambra.

Publicado por Años Luz Editora

Categorías
Narrativa

Nosotros en la noche – Firky El Azzouzi

Marginalidad, violencia sin miramientos y exclusión son los tópicos que invitan a leer “Nosotros en la noche”, novela con tintes autobiográficos del autor belga, Firky El Azzouzi, quien estuvo presente en nuestro país durante el FILBA 2018. Pero lo más atrayente de este libro –best seller en Bélgica y Alemania– radica en la impotencia, el abandono y la ausencia de sueños en que recaen Ayoub y su grupo de amigos musulmanes, descendientes de marroquíes, cada vez que intentan insertarse en la sociedad de un pueblo remoto en Bélgica. Y a su vez, cómo las secuelas de esa frustración incesante pueden engendrar mártires del terrorismo islámico, a pesar de los deseos del protagonista de ser escritor y la necesidad agobiante de algunos personajes de que sus historias sean recordadas.

Publicado por Editorial Clase Turista
Traducido por: Micaela van Muylem
Diseño: Lucila Castromán

Categorías
Literatura Francesa Narrativa

Diccionario de los lugares comunes – Gustave Flaubert

Esta obra del autor de “Madame Bovary” y “Salambó”, fue ideada como una contestación (y hasta un reproche) a la sociedad imperante de su época con un humor e ironía dignos de una versatilidad narrativa increíble, burlándose incluso del formato del diccionario. Póstumamente, y recién en 1911, fueron recopiladas todas sus definiciones y publicado como Dictionnaire des idées reçues. Todas y cada una de las acepciones inventadas resultan geniales, así que sólo a mero título enunciativo, les mostramos algunas:

ARTE: Lleva al hospital. ¿Para qué sirve? No sirve para nada, pues se lo reemplaza por la mecánica, que produce mejor y más rápido.

CONVERSACIÓN: La política y la religión deben ser excluidas de ella.

CRÍTICO: Siempre eminente. Se supone que lo conoce todo, lo sabe todo, lo ha leído y visto todo. Cuando os disgusta, llamarlo Aristarco o eunuco.

CURAS: Habría que castrarlos. Se acuestan con sus criadas y tienen hijos a los que llaman sobrinos. Da igual, también hay curas buenos.

FIEL: inseparable de «amigo» y de «perro».

FUNDAMENTO: todas las noticias carecen de él.

IMAGINACIÓN: siempre viva. Desconfiar de ella. Cuando no se la tiene, denigrar a los demás. Para escribir novelas, basta con tener imaginación.

INMORALIDAD: esta palabra, bien pronunciada, dignifica a quien la emplea.

MEDIANOCHE: límite de la felicidad y los placeres honestos; todo lo que se hace más allá de ella es inmoral.

TIEMPO: Tema eterno de conversación. Causa universal de todas las enfermedades. Quejarse siempre de él.

Publicado por Libros del Zorzal

Categorías
Narrativa

El Nadador en el mar secreto – William Kotzwinkle

Este libro te desarma. La historia es tremenda y mejor leerla que contarla, pero empieza con una pareja –Laski y Diana– que se despiertan en mitad de la noche porque ella rompió bolsa. Viven en una cabaña perdida en el bosque,  pleno invierno. Lo que les toca pasar tiene el color exacto de la tristeza, y el libro está escrito con un lenguaje directo y poético que arrasa. El punto de vista múltiple atenúa la tragedia y es como si viéramos la historia a través de un velo como cuando pasa algo terrible.

Escrito al calor de una experiencia propia, «El nadador en el mar secreto» salió en 1975. Se reeditó recién en 2010 en Inglaterra y Estados Unidos, y en 2012 una novela de Ian McEwan donde se lo menciona lo ayudó a revivir. En Argentina, lo editó China Editora en 2019.

Traducción: Caterina Gostisa
Arte de tapa: Leandro Escobar

Categorías
Cuentos Narrativa Norteamericana

Once tipos de soledad – Richard Yates

Como una caja de sorpresas, la literatura norteamericana se abre, de vez en vez, y ofrece un escritor olvidado, mezcla de figurita difícil y secreto a voces de los expertos, que conlleva un rediseño en el mapa de los nombres. Richard Yates representa uno de esos casos, y los cuentos de «Once tipos de soledad» lo sitúan en esa línea de realismo penetrante que tiene en Cheever, Carver y Salinger a tres de sus exponentes más representativos.

Escritos durante los 50 y publicado en 1962, estos cuentos de Yates tienen como marco el clima acuciante de la segunda posguerra. Las instituciones sociales convertidas en ruinas son las bases sobre las que se asienta esa soledad a la que refiere el título, instalada en la piel y las emociones de los personajes. Seres enfrentados a sus propios límites, que descubren lo irrealizable de sus metas y la incapacidad de rebelarse contra esa forma dolorosa de conocimiento.

Muchas de las historias de este libro resultan conmovedoras: la del hombre que pierde su empleo y decide no contárselo a su esposa («Un perdedor nato»); la del escritor que hace cuentos por encargo para un taxista («Constructores»); y también aquellas, cuyo tema es la infancia («El doctor Jack-o’-lantern») o el patetismo de figuras autoritarias («Divertirse con desconocidos»).

Más allá de cualquier apunte, lo que cautiva de la lectura de Yates es que sus cuentos no hacen una apología del fracaso, sino de la aceptación de la adversidad como parte de la vida. Saber, en definitiva, que estamos solos.

Publicado por : Fiordo Editorial
Traducido por: Esther Cross
Diseño de tapa: Pablo Font

Otros libros del autor en Pispear:
Sin paz – Richard Yates
Mentirosos Enamorados – Richard Yates

Categorías
Ensayo

Las poéticas del Siglo XX – Raúl Gustavo Aguirre

«No es raro que un lector de buena voluntad, después de haber consumido -como se dice hoy- bastante literatura, se acerque a los poetas modernos para sólo quedar confundido, cuando no defraudado o, por lo menos, para no experimentar más que un sentimiento de extrañeza o de insuperable dificultad. A este lector le diría que no ha leído mal, porque de hecho todas las circunstancias para que esto le ocurra están dadas en la poesía contemporánea, que por una parte parecería alejarse cada vez más del lector corriente -aun del lector culto corriente- para constituirse en una rara especialidad o en un reino donde imperan la improvisación y lo arbitrario, o en un rito ocultista; y por otra parte, aunque de apariencia accesible a todos, nos deja asombrados, indiferentes o también molestos con sus temas nada «literarios» o con una vulgaridad de intención o de lenguaje que nos hace extrañar aquella elevada poesía de las grandes épocas del espíritu humano: la poesía de un Dante, por ejemplo, o la de un San Juan de la Cruz.

Pero a tan desconcertado lector le diría también que quizá le sea necesario conocer, antes de acercarse a estos poemas, cuáles fueron los motivos y las intenciones que hicieron avanzar a la poesía del siglo XX por tan extraños caminos. Quizás esto le ayude a acercarse a ella con mayores posibilidades de obtener una compensación, aunque fuere mínima. No se trata de seguir un laberinto más de abstracciones, sino de penetrar, si es posible y si ella reside allí, la visión de la existencia que nos propone la poética implícita en cada poema, dialogar con esta visión, entrar con ella en un intercambio viviente y operante. Ver, en pocas palabras, si ese poema tiene alguna relación con nuestra vida, en qué medida apela a ella y demanda nuestra contestación.»

Del maestro Raúl Gustavo Aguirre (1927-1983) en su imprescindible «Las poéticas del siglo XX». Publicado en el año de su muerte, y reeditado por Audisea Editora con diseño de Marco Zanger, el libro recorre las vanguardias literarias que atravesaron el siglo pasado.

Categorías
Cuentos

Dos cuentos de Étienne Verhasselt

Los pasos perdidos es el primer libro de relatos del escritor belga Étienne Verhasselt (Bruselas, 1966) y lo primero que se publica de su obra en Argentina, a través de añosluz editora y con traducción de Ariel Dilon. «Relatos breves, muy breves y un poco más largos», según advierte el subtítulo, pero el punto no está en la extensión sino en la búsqueda de subvertir lo real a partir de una distorsión ínfima o la repetición de un mismo hecho que tienden a lo absurdo y/o lo extraño. Como muestra de la imaginería del libro, van aquí dos relatos: «El cebo» y «Disidencia».

El cebo

Ya se alzaba el alba sobre aquel retirado confín del Iowa profundo. Un Ford Mustang Shelby GT 500 rojo furioso, rutilante, se detuvo en la banquina de la carretera, en medio del bramido ensordecedor de sus 650 caballos. Un tipo de ciudad, bronceado y con el cuerpo trabajado en el gimnasio, empilchado con el último grito en ropa deportiva, salió del bólido, alerta, para ir a extraer del baúl un flamante equipo de buceo. Se desvistió prestamente, se enfundó en su equipo y se zambulló en el campo de trigo, donde desapareció.

No lejos de allí, disimulado entre el follaje de un roble, alguien no se había perdido detalle de aquella escena. Era el viejo Al, el dueño del campo: bolsita de tabaco mascado y remascado, overol de jean raído, botas de goma cubiertas de barro, un cuello de toro, puños como dos mazos, a pesar de su edad aquel campesino seguía siendo una verdadera fuerza de la naturaleza. Era, además, el perfecto sosía de su ídolo, otro nativo de Iowa, ilustre: John Wayne. El viejo Al había llegado un poco más temprano, sabía que uno de esos tarados de la ciudad vendría, como de costumbre, en el correr del fin de semana. En cuanto este se hubo zambullido desde la carretera, el campesino dejó discretamente el observatorio improvisado en el árbol y subió a la piragua, donde ya estaban acomodados su arpón y su morral. Un puñado de golpes de remo y el pequeño esquife se deslizó sin ruido por el inmenso campo. Las espigas, en las que el sol de la madrugada revelaba poco a poco el oro reciente, desfilaban bajo el casco, danzando lentamente, empujadas por la brisa ligera que acababa de alzarse con pereza.

Esta escenografía idílica iba a ser nuevamente el teatro de un crimen atroz. La cara surcada de arrugas del viejo Al irradiaba una felicidad asesina: cazar citadinos, esos cretinos arrogantes y forrados de dinero que venían a divertirse en sus tierras, era su pasatiempo favorito. La piragua proseguía su carrera silenciosa sobre los sembrados de trigo y muy pronto, a pocos metros, el viejo avistó a su víctima que nadaba allá abajo sin sospechar nada. La dejó atrás y detuvo la embarcación algo más lejos, para preparar la trampa. Este era el momento que apreciaba por encima de cualquier otro. Sin prisa, con una meticulosidad casi religiosa, sacó de su morral la vieja caja metálica toda abollada, de la altura de una petaca, y la abrió lentamente. Saboreaba el instante, que anunciaba siempre un trofeo suplementario. En el fondo de la caja, arrugado, descolorido, desgarrado en parte y sin una de sus esquinas, irreconocible, un dólar muy antiguo. Debía de haber sido impreso a comienzos del siglo pasado y seguramente lo habían manoseado los peores facinerosos de los Estados Unidos. Estaba mugriento y apestaba, pero era el mejor cebo que conocía el campesino para esta caza tan particular. Con precaución, posó el dólar sobre la superficie del campo y lo hizo ondular con los trigos. Solo le restaba esperar.

El truco del dólar era de su invención, una idea genial, técnica imbatible que siempre cobraba su presa. “¡Cien contra uno que este caerá en la canasta, como los otros!”, se ahogó de risa el viejo Al. En efecto, el buceador no tardó en modificar su trayectoria, guiado por la codicia. Muy pronto estuvo a no más de unos pocos metros del cebo. El anciano recogió el arpón y se mantuvo en posición, preparado. El buceador ya iniciaba su ascenso y, al emerger del trigal, se encontró nariz con nariz frente al cautivante billete. Al instante, el arpón le atravesó el cráneo de parte a parte, y entregó el alma. Siempre el mismo juego de niños con estos buceadores, ¡pero arponear al piloto de una moto de agua o a un surfista era algo bien diferente! El campesino recuperó el precioso cebo, que retornó a la caja abollada, y con un solo movimiento, sin esfuerzo, izó el cadáver dentro de la piragua, como si se tratara de una brizna de paja. Erguido en toda su estatura imponente, con las manos sobre las caderas, escupió su jugo de tabaco y contempló el paisaje que se extendía a su alrededor, hasta donde llegaba la vista. Era uno de los últimos días de la primavera y el sol, suave todavía en esta estación, subía tranquilamente en un cielo inmaculado, de un azul espléndido. En los árboles y en los matorrales, un poco aquí y allá, los pájaros habían comenzado a cantar alegremente. Iba a ser un magnífico día.

Al pensó en su granja, en sus animales, en sus tierras, lo emocionaba la idea de ese patrimonio de belleza que protegía y que se transmitía fielmente, en la familia, de generación en generación. Se quedó pensativo un momento más, antes de recordar que lo estaban esperando en la granja, donde nunca faltaba un trabajo duro por hacer. Ya era hora de que regresara. Lleno de ímpetu, se puso de inmediato en camino.

Unos minutos más tarde, la voz potente del viejo Al resonaba a través de los campos: «¡Mi Dios bendito, qué bien se está en el país!»

Disidencia

En los colosales archivos de la KGB, los servicios secretos soviéticos, bajo la referencia SQR.254.KL.333, se hallaba una colección de expedientes relativos a casos curiosos. He aquí uno de ellos. Piotr Z., oscuro empleado del ministerio de Asuntos exteriores, de cuarenta y dos años de edad, soltero y que vivía solo, adoptó, de la noche a la mañana, un comportamiento de lo más insólito. La noche del 3 de septiembre de 1956, mientras dormía, se levantó sin hacer ruido, para no despertarse, y salió de la habitación en puntas de pie. Dio la vuelta a su minúsculo tres ambientes, examinó suspirando su magro contenido, y volvió a acostarse. Al día siguiente, se reprodujo la misma escena, pero esta vez Piotr Z. sustrajo su despertador. Privado de este tan útil objeto, llegó tarde al trabajo y fue severamente amonestado por su jefe. Compró otro despertador, regresó a su casa, cenó, leyó el diario, se duchó y se fue a la cama. Tan pronto como se durmió, abrió prudentemente un ojo, luego el otro, se deslizó fuera de la cama en silencio y fue a robar su único par de zapatos. Sonó su nuevo despertador, pero tuvo que dirigirse a su trabajo en calcetines. Fue severamente amonestado por su jefe y se compró otro par de zapatos. A la noche siguiente, simuló dormir y, para no despertar sus propias sospechas, abandonó la habitación con los ojos cerrados. Esta vez quemó un expediente urgente que había traído del trabajo y volvió a acostarse lo más discretamente posible. El nuevo despertador sonó, se puso su nuevo par de zapatos, pero fue severamente amonestado por su jefe: ¿¡dónde estaba el expediente!? El nuevo despertador sonó una vez más, se puso su nuevo par de zapatos, pero se sorprendió de encontrar en la cocina su viejo despertador. Llegó al trabajo puntual, le ofreció a su jefe el nuevo despertador a manera de excusa por el expediente desaparecido, pero fue severamente amonestado: ¡llegaba tarde y regalaba despertadores! A la noche siguiente, se levantó para satisfacer una necesidad apremiante y se sorprendió saqueando sus propios bolsillos. Hubo una violenta trifulca entre sí, y cayeron los dos knock out. A la madrugada, el nuevo despertador hizo su trabajo y Piotr Z. salió de la inconsciencia. Con sus nuevos zapatos, y sin llevar el nuevo despertador, llegó a tiempo al trabajo, pero se presentó con un ojo negro y un labio hinchado. Fue severamente amonestado por su jefe: ¡dónde se ha visto ir a trabajar con semejante cara! Esa noche, se acostó temprano y se durmió enseguida. Esta vez, después de haber reflexionado largamente, se levantó sin precaución e hizo un alboroto de todos los diablos en el departamento: la radio sonó a todo volumen, el despertador sonó sin interrupción, las puertas se cerraron de golpe, cantó a voz en cuello, los vecinos gritaron exasperados, todo ello sin resultado, ya que él continuaba durmiendo, como si nada. Entonces, Piotr Z. puso fin a todo ese alboroto y se sentó en el borde de su cama. Impotente, se contempló dormido. Lo había intentado todo, pero en vano. Resignado, reemplazó el nuevo despertador por el viejo, los nuevos zapatos por los viejos y pensó que en pocos días las huellas de la lucha habrían desaparecido completamente de su rostro. Estaba triste, profundamente triste, pues no podía sino constatar que llevaría su vida indefinidamente de la misma manera: sin opciones, sin combates, sin deseos, sin él. Iba a volver a acostarse, cuando tuvo una última idea: hizo una llamada, pidió con el oficial de guardia y le dijo todo lo que había estado guardando en su corazón. Algunas horas más tarde sonó el viejo despertador, pero Piotr Z. ya no estaba ahí. Se lo había llevado la policía secreta, sin que él entendiera por qué.

Categorías
Ensayo Literatura japonesa

La canción del arrozal – Lafcadio Hearn

De madre griega y padre irlandés, Lafcadio Hearn (1850-1904) viajó a Japón en 1890 y se deslumbró a tal punto con su cultura que se hizo budista, se nacionalizó japonés, cambió su nombre al de Koizumi Yakumo y murió en Tokio.

«La canción del arrozal» es un compendio de ensayos suyos que hablan sobre animales e insectos en la poesía japonesa. Así, los capítulos se llama: Ranas, Cigarras, Libélulas, Mariposas, Luciérnagas, y el último y más asombroso, Insectos músicos. La edición viene con ilustraciones hermosas de Emanuel Gómez.

«Me pasó el otro día en la costa de Suruga. Mientras descansaba debajo de los pinos que bordean la playa, algo en el calor vital y la paz luminosa de ese momento del día -una especie de rapto conmovedor de viento y luz- reavivaron de pronto una antigua creencia mía: la creencia de que todos los seres somos uno. Me sentí uno con la brisa y con el avance de las olas, con cada movimiento de sombras y cada destello del sol, con el azul del cielo y del mar, con el imponente silencio verde de la tierra. Me convencí, de un modo nuevo y maravilloso, de que no pudo haber nunca un principio, de que no podrá haber nunca un final».


Editado por También el Caracol
Traducido por Mariana Alonso
Intro de Miguel Sardegna

Otros libros del autor en Pispear:
– Juntando espigas en los campos de Buda – Lafcadio Hearn

Categorías
Cuentos

La teoría de la luz y la materia – Andrew Porter

“Teoría de la luz y la materia”, el cuento que le da nombre al libro de Andrew Porter, es una de esas historias de amor correspondido entre un profesor y una alumna que nunca se terminan de concretar en el plano carnal y, pese a ello (o por eso mismo), la complicidad entre los dos crece y tensa el deseo hasta el límite.

Los diez cuentos del libro tienen esa propiedad indescriptible que te hace querer seguir leyendo y saber más sobre los personajes. En cada historia hay un peligro latente, un dato clave que se omite. “Coyotes”, “Azul” y “Partida” dan muestra de la capacidad imaginativa de Porter para crear mundos, conflictos y, sobre todo, puntos de vista muy diferentes.

Un lindo truco narrativo que está en varios relatos: se cuenta algo hasta llegar a un clímax, después la historia continúa, pero sobre el final se retoma una escena ya contada y se la amplía.

Publicado por China Editora

Categorías
Narrativa Novela

La Reserva Nacional Pushkin – Sergéi Dovlátov


“Estaba convencido desde hacía tiempo: basta con quedar pensativo que en seguida surgen los recuerdos tristes. Por ejemplo, la última conversación con mi mujer…
-Hasta tu amor por las palabras, el demente, insano, patológico amor, es falso. Es solo un intento de justificar la vida que llevás. Bueno, llevás la vida de un famoso escritor sin tener las condiciones para eso…Con tus vicios tendrías que ser, como mínimo, un Hemingway…
-¿Lo considerás un buen escritor, realmente? ¿Acaso Jack London también es un buen escritor?
-¡Dios mío! ¿Qué tiene que ver Jack London? Mis únicas botas están empeñadas…Puedo perdonarlo todo….y la pobreza no me asusta…¡Todo menos la traición!
-¿De qué estás hablando?
-De tus eternas borracheras. La tuya…no quiero hablar…No se puede ser artista a costa de otra persona… ¡Es una infamia! ¡Hablás tanto de la nobleza! Y vos mismo sos un hombre frío, cruel, ladino…
-No te olvides que hace veinte años que escribo cuentos.
-¿Querés escribir un gran libro? ¡Eso lo logra hacer solamente uno entre cien millones!
-¿Y qué? En un sentido espiritual, un intento fallido así equivale al libro más grande. Si querés, moralmente es más elevado aún. Porque excluye la recompensa…
-Son palabras. Eternas, bellas palabras… Me cansé…


En La Reserva Nacional Pushkin de Sergéi Dovlátov
Publicado por Años luz editora 
Traducción: Irina Bogdachevski 
Prólogo: Laura Estrin

Categorías
Narrativa argentina

Rebobinando -Hilario González

Rebobinando es el primer libro de Hilario González. Reúne siete cuentos en los que la acción se desencadena a partir de una espera. Personas que por algún motivo empiezan a quedarse afuera del mundo útil, como el abuelo que llevan a internar en «El imán» o el pibe que se accidenta montado a su moto en «Hospital Fernández». Analítico, hiperbólico y descarnado, el libro se mueve en el borde donde lo real puede volverse raro en un segundo, como en el brillante “Arroyo de los Huesos”.

Categorías
Autores

Dos cuentos de Mario Levrero

Mario Levrero es uno de tantos escritores que dio a conocer su obra con un seudónimo. Nacido (1940) y muerto (2004) en Montevideo, su nombre era Jorge Varlotta. Su obra es varia y llena de sorpresas: libros de cuentos, novelas, historietas y un manual de parapsicología, disciplina que conocía a fondo. Su libro de cuentos, La máquina de pensar en Gladys, fue publicado en 1970 por la editorial Tierra Nueva y reeditado en 1995 por el sello Arca y ahora por la linda Criatura Editora. Publicamos para que lo conozcas, los cuentos que abren y que cierran el libro, un espejo deforme el uno del otro.

La máquina de pensar en Gladys

Antes de acostarme hice la diaria recorrida por la casa, para controlar que todo estuviera en orden; la ventana del baño chico, al fondo, estaba abierta –para que durante la noche se secara la camisa de poliéster que me pondría al día siguiente–; cerré la puerta (para evitar corrientes de aire); en la cocina, la canilla de la pileta goteaba y la apreté, la ventana estaba abierta y la dejé así –cerrando la persiana–; la lata de la basura ya había sido sacada fuera, las tres llaves de la cocina eléctrica estaban en cero, la perilla de control de la heladera marcaba 3 (refrigeración suave) y la botella empezada de agua mineral tenía puesto el tapón hermético, de plástico; en el comedor, el gran reloj tenía cuerda para algunos días más y la mesa había sido levantada; en la biblioteca debí apagar el amplificador, que alguien había dejado encendido, pero el tocadisco se había apagado en forma automática; el cenicero del sillón había sido vaciado; la máquina de pensar en Gladys estaba enchufada y producía el suave ronroneo habitual; la ventanita alta que da al pozo de aire estaba abierta, y el humo de los cigarrillos del día se escapaba, lentamente, por ella; cerré la puerta; en el living hallé una colilla en el suelo; la deposité en el cenicero de pie, que la sirvienta se ocupa de vaciar por las mañanas; en mi dormitorio le di cuerda al despertador, comprobando que la hora que indicaba coincidía con la del reloj pulsera en mi muñeca, y lo puse para que sonara media hora más tarde a la mañana siguiente (porque había decidido suprimir el baño; me sentía un poco resfriado); me acosté y apagué la luz.

Por la madrugada desperté inquieto, un ruido desacostumbrado me había producido un sobresalto; me ovillé en la cama y me cubrí con las almohadas y me puse las manos en la nuca y esperé el final de todo aquello con los nervios en tensión: la casa se estaba derrumbando.

Foto: Eduardo Abel Giménez

La máquina de pensar en Gladys (negativo)

Antes de acostarme hago la diaria recorrida por la casa, para controlar que todo esté en orden; la ventana del baño chico, al fondo, está cerrada, y el caballo degollado continúa pudriéndose en la bañera; cierro la puerta, para que el olor no llegue al dormitorio de mi cuñado; en la cocina, la canilla está cerrada y la abro, apenas para que gotee; la ventana está abierta y por ella entran el aire frío de la noche y las gruesas enredaderas del jardín; en la lata de la basura y a su alrededor continúan amontonándose cáscaras de banana, y yerba; en la botella quedan restos de vino tinto, veo que hay moscas flotando, muertas y vivas; el reloj del comedor, cuando yo enciendo la luz, comienza a tocar las doce campanadas y se abre la ventanita del cucú y sale la enorme serpiente, se descuelga interminable hacia el piso y desaparece bajo el aparador; sobre la mesa, los restos del festín, las manchas de vino en el mantel, la bombacha rosada de la mujer gorda y un cabo del habano, encendido aún, del inglés calvo; en la biblioteca todo está en silencio, el desconocido, de espaldas a mí, lee en la oscuridad –y cuando pienso en él me corre un frío por 1a espalda–; la ventanita alta que da al pozo de aire está abierta, y se escucha el rugido del mar y los gritos de los pescadores nocturnos; el living está lleno de gente, hombres y mujeres, dispuestos uno junto a otro, de cara a la pared, los brazos en alto; entro al dormitorio y encuentro en mi cama a la mujer, desnuda; promete despertarme mañana a la hora de siempre; extraigo del cajón de la mesa de luz centenares de paquees de preservativos, lleno con ellos los bolsillos del piyama, y entro al ropero y cierro la puerta desde adentro.

Por la madrugada me despierto tiritando, alguien ha abierto la ventanita del ropero y tengo fiebre, estoy bañado en sudor y me duele el ojo izquierdo, pido a gritos un médico o una ambulancia, pero estoy en medio de un campo desolado y no hay quien escuche mis gritos.

Otros títulos del autor en Pispear:
El alma de Gardel – Mario Levrero
Cuentos Cansados – Mario Levrero + ilustraciones de Diego Bianki
Manual de Parapsicología – Mario Levrero
Conversaciones con Mario Levrero – Pablo Silvio Olazábal
Correspondencia – Mario Levrero y Francisco Gandolfo
Historietas reunidas – Jorge Varlotta