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Autores Literatura japonesa

Al borde del abismo – Kobe Abe

Este cuento del escritor japonés Kobe Abe (1924-1993) pertenece al libro Los cuentos siniestros, que reúne una selección de relatos suyos publicados entre 1950 y 1960. Aquí va «Al borde del abismo», un cuento que se mete en la conciencia de un boxeador que está en la etapa final de su carrera, mientras se prepara para una nueva pelea. Metáfora de la vida, curiosamente recuerda al «Negro Ortega» de Abelardo Castillo y a la atmósfera de ciertos relatos de Hemingway y Ring Lardner.

…No me dejaré vencer… es una pelea… yo no voy a luchar para perder…
¡Carajo, esta leche es de ayer, ya no sirve! Aun cuando la guardes en la nevera, da lo mismo. La leche está viva, ¿me entiendes?, está viva, es un ser viviente, de verdad. Al estar viva, se digiere a sí misma y se queda sin valor nutritivo. Qué problema, oye… ¿por qué no te fijas en la fecha impresa en el envase ? No gastan el dinero de la impresión solo para ponerle un adorno, ¿sabes? El producto de hoy se debe consumir hoy mismo…
¿Qué hora es?
Pero las nuevas peras locas que acaban de llegar… esas bolas rojas… me sentaron de maravilla… uno dos, uno dos, uno dos… ¿sabes que tengo oídos muy sensibles? Reacciono de inmediato ante cualquier sonido trivial. En el ring las suelas de las botas untadas con resina suenan de una manera muy especial, ¿me entiendes?, y ahí sé en qué estado físico me encuentro. En una ocasión, tuve que volver apurado a la esquina, a mitad de la pelea, para untar las botas con más resina. Y la risa que eso produjo….
Buenas noches… le fue muy bien ayer, señor Kimura… fue magnífico de verdad. Al lado del ring, ¿se fijó?, había una mujer espléndida que le vitoreaba, así…
Qué frase: «¡Me encantas, me encantas!»…
Qué fastidio… Tengo que ganar la pelea…
Últimamente me cuesta tanto la dieta que de noche me despierto soñando con la vianda de arroz. Para colmo, he tenido demasiadas peleas; ya no soporto ese ritmo tan acelerado. ¿Acaso me toman por pan comido?
Claro, sin peleas me aflojaría en el entrenamiento, pero el exceso también me acabará con celeridad. Ya me siento agotado, ¿sabes? Es mejor calidad que cantidad… Cómo me gustaría escoger solo presas fáciles… pero jamás gozaría de semejante lujo…
Carajo, el otro día hasta llegué a la pesada… ya había terminado el chequeo médico… y nunca apareció el contrincante… Cómo lloré, te lo juro… Después de haber sufrido tanto la dieta, ¿ves lo que pasó? Desde luego, el dinero sí lo cobré, pues ya me habían pesado y no podía regresar con las manos vacías. Pero qué decepción, para uno que atraviesa la edad de andar hambriento todo el tiempo; si no fuera por el boxeo, ¿te imaginas?, me hartaría de comida. Al pesar 51 kilos, uno más no me importaría a mí, ni menos a los demás. Al comienzo de la carrera no tuve ningún problema de peso. Con tantos ejercicios que hacía, todo el alimento pronto se me convertía en músculos…
Tantas ofertas en avalancha me harán la vida imposible. Empecé a practicar el boxeo para no morirme de tedio ante una vida demasiado ordinaria, pero me ha resultado tan azaroso que no dejo de angustiarme. Tampoco sería capaz de suicidarme, ¿verdad que no?… No, no sería capaz… Solo un hombre con un cerebro más desarrollado tendría la osadía de hacerlo…
…Oye, te cortaste mucho el pelo, por la parte de arriba… no, no, es mejor ir a la peluquería antes de la pelea… La barba que crece por culpa de la pereza te vuelve doblemente miserable cuando te tumban en el ring…
Uno dos, uno dos, uno dos, uno dos, uno dos, uno dos… Mira, hoy estoy en muy buenas condiciones…
Oiga, señor Kimura, fíjese que el otro día saqué un oráculo escrito y me tocó uno que decía: «Suerte inesperada». Esa máquina que arroja un cacahuate al colocar una moneda de diez yenes y levantar la manivela, ¿la ubica? Me puse de buen humor y probé otro, pensando que sobrevenía algo extraño. Otra vez lo mismo: «Suerte inesperada». Me dejó atontado y quise probar uno más… y me tocó otra vez la misma frase. No lo podía creer. ¿Verdad que es extraño? Usted sabe que tengo el brazo lesionado, pero me infundió tanta confianza que fui a hablar con el maestro para suplicarle que me ayudara a realizar esta pelea, a como diera lugar. Pero qué tal si la pierdo después de todo esto, qué congoja…
Anda, el sparring
Uno dos, seguidos
¡La derecha, uno dos!
Ahora, jab, jab, jab, jab
Un uppercut directo
Tres derechas, una, dos, tres
Un uppercut derecho
¿Qué sonó ahora?… Ya, la puerta de abajo… hasta la puerta es de acero… El ruido me cayó como un golpe en el vientre.
Ay… estoy despistado hoy. Se me han olvidado muchas cosas. ¿Alguien tiene una toalla de más que me preste? La mía se me quedó en la casa. Quizá soy un tarugo insalvable…
Me levanté de un tiro a las cinco de la mañana, como de costumbre, a pesar de que me habían dicho que hoy podía omitir el trote… Qué torpe soy… Iba a dormir a mis anchas, porque me dijeron que ya no había problemas de peso… Anoche escuché música en la cama para relajarme… el concierto para violín de Tchaikovski… ¿no le parece hermoso?… El canto del cisne también es relajante… Me gusta más el jazz, pero el problema es que me desvela…
Me cuesta levantarme temprano en la mañana, más que todo; como sufro, de verdad… el término «trotar» suena exagerado, pero no me resulta tan pesado correr unos cuantos kilómetros… Al levantarme y vestirme… qué sufrimiento tan terrible… tengo que soportar el sueño y el frío… Ya estoy añorando la llegada del verano… qué pereza…
Y qué importa…, me gusta lo que hago, eso es todo. Aunque a veces me parece odioso, en el fondo me gusta, sabes. Si uno lo odiara en serio, no volvería a practicarlo después de haber recibido tantos golpes fuertes. Hay algo que me atrae. Para empezar, es tajante; todo es blanco o negro y puedes definir lo que significa vivir con claridad, ¿no te parece?
¡Jab, jab, jab, jab!
Jab, al fin y al cabo. Disparando el jab, me puedo serenar. Confío en mi golpe directo. Con el jab provoco al contrincante, así. Jab, jab, jab, jab ¡Upper directo!
¿Qué hora es?
Bueno, la pelea comenzará pronto… qué fastidio… casi no lo aguanto…
¿Ves que compré medias rojas? El color rojo nos trae buena suerte, dicen, a los que nacimos en agosto… ¿Sabes que nací en agosto?… El color rojo es para los que cumplimos años en agosto. Por eso compré estas medias rojas… ¿Cómo?… ¿Color blanco?… ¿En serio? Pero usted no nació en agosto, ¿verdad?… Qué malvado es… deje de tomarme el pelo… Qué extraño… ¿las medias rojas no surtirán efecto?…
…Pero estoy en buenas condiciones físicas. He tenido mucha suerte estos días. ¿Vio que me tocó «Suerte inesperada»? Y de noche duermo como un tronco. Ayer me dolía tanto el cuerpo a la hora del masaje que llegué a pensar que se me habían petrificado los músculos, pero después de haber dormido bien, amanecí como un resucitado, como si nada. Será en virtud de la experiencia. Mire con qué agilidad estoy moviendo los brazos en el boxeo de sombras… La victoria es mía, estoy segurísimo. La lesión en el brazo se me curará por completo al comenzar la pelea, ¿no me cree?
Hombre, no voy a perder… Si me derrotan ya estaré fuera de la clasificación…
… ¡Voy bien! Escuché el pitazo muy cerca de los oídos… Esto quiere decir que estoy tranquilo… La resina de las botas también suena como debe ser… Voy a ganar… Ya van cuatro derrotas consecutivas… Sí, me he esforzado, pese a la lesión del brazo… un esfuerzo casi innecesario… Por más que me digan que descanse, que me cuide más el cuerpo, no puedo calmar la ansiedad… El descanso solo serviría para descalificarme… Qué humillación sería… Una vez descalificado, difícilmente saldría a flote… sí, casi imposible… con tanta competencia encima…
Uppercut directo
Al centro, al centro, al centro
¿Qué haces?, golpea, hombre
Eso, eso
Adelante, adelante
Uno dos, uppercut
Lo sé, no me molestes… tengo experiencia…
Del décimo al noveno… del noveno al octavo… del octavo al séptimo… del séptimo al sexto… cada vez que subo un puesto en el ranking, derribo cinco enemigos… me lo dijo el maestro… O sea que el campeón ha derribado, a ver, cinco por diez, cincuenta boxeadores en total… Qué bueno ser campeón, pero qué terrible ser uno de los cincuenta derribados… pero si no eres campeón, eres uno de los derribados… A veces me pongo a reflexionar… Del séptimo al octavo… del octavo al noveno… del noveno al décimo… Qué ciclo tan detestable… Ahora solo estoy boxeando para que los demás suban de ranking… ¿por qué será?… ¿Será que carezco de vocación?…
(Gong)
Ahora, respira hondo
Ese golpe al vientre estuvo bien
Pero no te conformes con uno dos
Uno dos tres cuatro
Relájate, pero no te detengas
Luego, hacia arriba
Cuidado con el jab del enemigo
Muévete bien
Con las piernas ágiles
Métete adentro
Y uno dos tres cuatro
Sin parar, luego hacia arriba
… De veras creo que hoy tengo suerte. Cambié de trabajo el 18 de febrero… llegué ese día a las 8 en punto a la oficina… Estamos en el año 38, para rematar, ¿no ves?… tres veces el número 8, que es de suerte, indica buen futuro. Soy afortunado.
No perderé… Otra derrota me descalificará…
A la derecha, pásate a la derecha
Ahora, el directo
Date prisa
La derecha, hacia adelante
La derecha, la derecha, la derecha, la derecha
Esquívalo, y al vientre
Bien, bien
Tranquilo, vas ganando
¿Sabes que yo anoto todos los acontecimientos del día en mi cuaderno… todo lo que hago durante la jornada…? Sí, todos los días… no he faltado ni un día, te lo juro… Primero la fecha, las horas que duermo, la hora a la que me levanto, la duración de los ejercicios físicos, los kilómetros que corro, el estado físico… Luego, a ver, cómo diría, la bebida antes del desayuno… té japonés, jugo, leche… también la cantidad y los ingredientes de la comida… Viene otra vez la bebida después del desayuno… Claro, lo que como en la oficina, si acaso pruebo algo… Sigue el almuerzo acompañado de alguna bebida… y cuando estoy muy cansado, duermo la siesta… Todo esto lo anoto… todo lo que como y bebo… Luego entro al entrenamiento técnico…
Apunto también la hora de salida de la oficina y la de entrada al gimnasio… el peso según la báscula… En general, comienzo con el boxeo de sombra… y el sparring… claro, sin olvidar el nombre del contrincante… Continúo con el costal… otra vez el boxeo de sombra… tengo que recordar cuántas veces lo hice… la pera… los saltos de la comba, los ejercicios de los músculos abdominales, de contracción y estiramiento, etc. De todo esto anoto cuánto hice… A ver, a ver… el baño, quiero decir, la ducha… la báscula otra vez para terminar, y la hora de salida del gimnasio… La bebida, la cena, la bebida de nuevo… Si acaso pruebo algo más, también lo anoto sin falta… la hora de acostarme… el masaje, si me lo hacen… las vitaminas que tomo… y una que otra observación general…
Todo esto lo apunto en mi cuaderno… te lo juro, todos los días… solo para mí… ya que a nadie más le sirve… Bien sabes que la pelea comienza antes de subir al ring… En realidad, uno pelea todos los días… es indispensable la disciplina para superar a los demás…
No me dejaré vencer después de haber hecho todos estos esfuerzos… me he entrenado con una rigurosidad espartana…
(Gong)
Te sale bien el jab
Mejor que en el primer round
Ahora sí es más certero
¿Comprendes?
Ahora, respira hondo, uno dos tres
O.K.
¿Me escuchas?
¿De veras?
No te acerques por el lado izquierdo
De la derecha, de la derecha
Abanicas porque vas a la izquierda
Eso sí está mal, ¿sabes?
De la derecha, del interior
Y no del exterior
De la derecha, del interior, ¿me entendiste?
Muévete bien para meterte adentro
Eso, a la derecha
Un uppercut
Dale un jab, otro
Anímate
Un jab corto, otro corto
Demasiado grande
Más corto, más, más
Ahora a la derecha, métete adentro
Relájate un poco
La izquierda
Ahora al vientre
Carajo, la caída se acelera sin freno… a pesar de que conté treinta patrones en mi mejor momento, ahora solo me quedan siete, dicen… En la oficina ya me siento incómodo… «Deseamos de todo corazón que sigas haciendo esfuerzos hasta ganar el glorioso título de campeón», me han dicho… Qué ingenuidad… Solo uno entre cincuenta llega a ser el campeón… Sin esos cincuenta derrotados no existiría tampoco el campeón… me deberían agradecer por eso… Qué ridiculez…
Es extraño, ahora me pesan más los brazos; cuidado, se me ha caído la defensa… Ayer me dolieron muchísimo durante el masaje… ¿Será que ya no hay esperanza?… No, ya no quiero pelear contra este hombre que golpea tan fuerte… Debo esquivarlo con el juego de piernas antes de que me deje molido… o con un daño en la lengua, así ni podré trabajar en la oficina…
Ay, qué terrible es la caída en el mundo del boxeo… Es como estar colgando de un paracaídas perforado… al agarrarlo con las manos, solo sientes un alivio ilusorio y, en realidad, es lo mismo que soltarlo… Campeón… bueno, es veloz también la caída de un campeón… quizá más que la de un boxeador común… Detrás del campeón se ve el barranco más abrupto… ¿Verdad que sí?… Te precipitas acá o te precipitas allá: es la única diferencia… si de todas maneras caes al abismo… Qué tristeza…
… A ver, ¿dónde estoy? ¿Será que me quedé dormido? Me siento como en el fondo de un río. Mira, pasan muchos peces aquí arriba…
¿Cuatro? ¡Cuatro, dijo?… No se oye nada, porque habla en voz muy baja… ¿O sea que me han tumbado?… Ya veo, siento el olor de la colchoneta… Tranquilo, todavía hay tiempo… ¿Cuatro, verdad?… No te preocupes, todavía me faltan seis segundos… Claro, me he excedido en el entrenamiento… un boxeador clasificado cuando está de capa caída es muy solicitado entre los jóvenes que van en ascenso… pues sirve de peldaño para la promoción… y le sobran ofertas… Yo mismo me fijaba en aquellos boxeadores menguados al iniciar la carrera… A propósito, ¿cómo se llamaba ese boxeador?… El que peleó conmigo cuando yo estaba recién clasificado… Nunca más lo he vuelto a ver… Ya no seguirá activo… Ya me pararé…
No, mejor descanso un poco más. Apenas va por cuatro, ¿verdad? Me quedan nada menos que seis segundos. Ahora mismo me pararía si lo deseara; me incorporaré primero sobre el codo derecho, así, y luego retiraré la pierna derecha para desplazar el peso hacia la rodilla izquierda. Y listo.
Qué bonito… el cielo azul, pero es un azul celeste auténtico… ¿Pero por qué veo el cielo?… ¿Habrá algún resquicio en la bóveda?… Qué pereza… me da pereza pensar en la bóveda… bien… a mí qué me importa…
¡Ahora sí que me levanto! Lo esquivaré con el juego de piernas para darle un golpe por encima del ojo izquierdo. Esa herida todavía no está bien cicatrizada. Apenas estamos en el cuarto round… con una caída no pierdo nada… Yo tengo más experiencia que él, hombre… esto no es nada… lo voy a inmovilizar con mis jabs… ¡Ya me levanto!
Incorporarme sobre el codo derecho… retirar la pierna izquierda… desplazar el peso hacia la rodilla izquierda…
Qué extraño… Me siento como si estuviera dividido en dos, como si fuera dos personas… Ya estoy de pie, ¿verdad?… ¿Dónde está el ring?… Qué ruidoso… ¡Tanto ruido me vuelve loco!…
Ya, ya, claro…
Estas medias rojas, recién estrenadas, no me sirvieron de nada… sí, lo sé… un hombre como yo está destinado a avanzar sobre el camino prohibido… Cuatro años y seis meses después… he vuelto al punto de partida… En casa me hartaré de comida… comeré hasta más no poder, ya olvidándome del cuaderno… También fumaré y beberé… me comeré una fuente entera de gelatina… me dedicaré a hacer todo lo que no he podido… te lo juro, porque me he disciplinado en exceso…
¡Cómo me duele la cabeza! Carajo, tanto dolor no me dejará dormir un par de días… Ay, me duele… voy a explotar… Auxíliame, por favor, te lo suplico…

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Literatura japonesa

Cinco novelas japonesas recomendadas

por Victoria Cardoso

¿Qué es lo que tanto nos atrae de la cultura japonesa?

Tal vez el hecho de que sea una sociedad milenaria con rasgos tan distintivos que no se asemejan a nada conocido en occidente, la inmensa influencia que posee de la civilización china, la fusión entre lo tradicional y lo tecnológico conviviendo de manera simultánea. Son tantas las cosas que llaman la atención sobre Japón y su literatura es uno de los aspectos culturales que hoy en día aparecen con más protagonismo que en épocas anteriores. 

Aquí les dejamos algunas novelas japonesas que no pueden faltar en la biblioteca de cualquiera que quiera acercarse a Japón a través de sus letras:

Kafka en la orilla de Haruki Murakami: Murakami es uno de los escritores japoneses más conocidos del mundo y aquí nos presenta una novela en donde el título ya indica el fuerte vínculo que el autor tiene con la literatura occidental.

La mayoría de las novelas de Murakami tienen un rasgo característico que es la superposición entre la realidad y la fantasía y Kafka en la orilla es una de ellas. 

La vida de dos personajes sumamente diferentes entre sí se entrecruzan de una manera más inconsciente que real. Uno de ellos es un adolescente de 15 años llamado Kafka Tamura y otro es un anciano veterano de la Segunda Guerra Mundial, Satoru Nakata, que tiene una particular relación con los gatos. La historia del adolescente se relata en los capítulos impares y en los pares la historia del Nakata. Y es a partir de un suceso violento que las vidas  de ambos personajes colisionan inevitablemente.  

Paprika – Yasutaka Tsutsui: dentro de las novelas japonesas, no hay mucha ciencia ficción conocida, parece ser que ese aspecto queda relegado al manga y animé, por eso es imprescindible acceder a la lectura de Paprika de Yasutaka Tsutsui. La novela se sitúa en un futuro hiper tecnológico y avanzado en el cual las terapias psiquiátricas se trabajan a partir del ingreso a los sueños de los pacientes con la finalidad de trabajar sus traumas desde el inconsciente. Pero todo se torna oscuro a partir de la aparición de un nuevo dispositivo de psicoterapia que es robado, permitiendo al ladrón ingresar en los sueños de sus víctimas y controlar sus mentes. Dicha novela fue llevada al cine gracias al director de animación Satoshi Kon. 

Kitchen – Banana Yoshimoto: una de las novelas japonesas más recomendadas de los últimos tiempos. Es la primera novela de la autora, Banana Yoshimoto, y una de las mejores, según la opinión de los lectores. 

El libro se divide en la novela Kitchen y el cuento “Moonlight Shadow”. Ambos retratan la pérdida de los seres queridos y la capacidad de los personajes de superar la tristeza a partir del amor, amor hacia otras personas o hacia los electrodomésticos. La relación que tenemos con los objetos inanimados puede ser una forma de trabajar nuestros duelos, funcionando como puentes entre lo que permanece en este plano y aquello que ya no existe entre nosotros. 

Confesiones de una máscara – Yukio Mishima: Mishima es un autor que no puede faltar en las recomendaciones sobre novelas japonesas. En este caso tenemos una historia muy controversial para la época en la que fue publicada ya que nos relata la vida de un adolescente que se siente ajeno a la sociedad en la que se encuentra inmerso, física y emocionalmente ya que se siente débil por su contextura física y a su vez se siente sumamente atraído por otro hombre. Estas sensaciones lo llevan a ocultar sus verdaderos deseos, los cuáles irán resurgiendo de a poco, tomando otras formas.   

Kokoro – Natsume Soseki: Kokoro tiene múltiples significados para los japoneses, si bien alude al corazón, no es al órgano físico que bombea sangre, sino que se relaciona al corazón emotivo, a la mente y al espíritu. Es un término difícil de definir, del mismo modo que esta novela de Soseki.

La novela se ubica en el período Meiji y todos los cambios que aquella era significó para Japón: la introducción de occidente, de la modernidad y de sus valores deshumanizantes que amenazaban con la pérdida total de la tradición. El protagonista se siente perdido en el mundo y solo la relación que tiene con ‘Sensei’ es lo que le da sentido a su existencia. 

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Cuentos Literatura japonesa

La primavera llegó en un carro tirado por caballos – Riichi Yokomitsu

Riichi Yokomitsu nació en Tokio en el año 1898, solo algunas décadas después del impacto de la Restauración Meiji y el implacable avance de la modernidad en la sociedad japonesa (1868-1912).

Perteneció, junto con Kawabata, a un grupo literario llamado Shinkankakuha (新感覚派) o «escuela de las nuevas sensaciones» donde se propusieron explorar nuevas percepciones en la escritura de la literatura japonesa.

Lamentablemente, en occidente su obra no fue apreciada de la misma forma que en Japón… Hasta ahora, que llegó la hermosa edición de También el caracol : “La primavera llegó en un carro tirado por caballos” (Haru wa basha ni notte). Traducido directamente del japonés por Mariana Alonso, Masako Kano y Gabriela Occhionero, el libro está compuesto por cinco cuentos.

Tiempo – 時間 (1931)

“¿Qué es eso, entre la vida y la muerte, que se eleva en olas de colores cambiantes, en vapores tan alegres como el cielo? Me pregunto si no será la cara de ese temible monstruo que nadie pudo ver todavía: el tiempo.”

La primavera llegó en un carro tirado por caballos –
春は馬車に乗って (1926)

“Nunca había pensado en evadir las tantas olas de sufrimiento que se le venían encima, una tras otra. El origen de estas olas, cada una distinta, existía en su propia carne, y había estado ahí desde el principio. Había decidido probar esos sufrimientos como la lengua prueba el azúcar, para mirarlos con la luz total de todos sus sentidos. Se preguntaba cuál de ellos tendría mejor sabor al final.
Mi cuerpo es un frasco de laboratorio, pensó. Lo más importante es que sea transparente.”

Máquina – 機械 (1930)

“Pero por más claro que me resultara a mí, ¿había una forma de calcular cuán claro era en la realidad? En cualquier caso, hay una máquina invisible para la que todo resulta claro, que nos mide a todos sin descanso, y nos impulsa a actuar de acuerdo con sus mediciones.”

Publicado por: También el caracol
Traducción directa del japonés: Mariana Alonso, Masako Kano y Gabriela Occhionero

Otros libros de literatura japonesa de También el caracol:

– El Signo De Los Tiempos – Sakunosuke Oda
Bajo Un Cielo Oscuro Cargado De Nieve – Antología
– La Ópera Japonesa De Los Tres Centavos – Rintaro Takeda

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Ensayo Literatura japonesa

La canción del arrozal – Lafcadio Hearn

De madre griega y padre irlandés, Lafcadio Hearn (1850-1904) viajó a Japón en 1890 y se deslumbró a tal punto con su cultura que se hizo budista, se nacionalizó japonés, cambió su nombre al de Koizumi Yakumo y murió en Tokio.

«La canción del arrozal» es un compendio de ensayos suyos que hablan sobre animales e insectos en la poesía japonesa. Así, los capítulos se llama: Ranas, Cigarras, Libélulas, Mariposas, Luciérnagas, y el último y más asombroso, Insectos músicos. La edición viene con ilustraciones hermosas de Emanuel Gómez.

«Me pasó el otro día en la costa de Suruga. Mientras descansaba debajo de los pinos que bordean la playa, algo en el calor vital y la paz luminosa de ese momento del día -una especie de rapto conmovedor de viento y luz- reavivaron de pronto una antigua creencia mía: la creencia de que todos los seres somos uno. Me sentí uno con la brisa y con el avance de las olas, con cada movimiento de sombras y cada destello del sol, con el azul del cielo y del mar, con el imponente silencio verde de la tierra. Me convencí, de un modo nuevo y maravilloso, de que no pudo haber nunca un principio, de que no podrá haber nunca un final».


Editado por También el Caracol
Traducido por Mariana Alonso
Intro de Miguel Sardegna

Otros libros del autor en Pispear:
– Juntando espigas en los campos de Buda – Lafcadio Hearn

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Breve historia de la literatura japonesa

por Victoria Cardoso

Al día de hoy parece ser que la literatura japonesa es una de las más solicitadas. Son cada vez más los títulos que se incluyen en los catálogos de librerías y editoriales debido al gran interés que literatura japonesa suscita a nivel mundial.

La literatura japonesa como forma artística.

Como toda forma artística, la literatura japonesa expresa sus orígenes, su cultura, sus formas de pensamiento y su idiosincrasia. La literatura japonesa como tal comienza a desarrollarse luego de la introducción del sistema de escritura chino o kanji. Se podría decir que una de las primeras obras de literatura japonesa fue el Kojiki que data del año 713, crónica que relata la historia del país, su cosmogonía y su mitología.

La literatura japonesa puede dividirse en varias épocas, por ejemplo el período Heian, en donde la literatura japonesa estuvo fuertemente influenciada por la vida palaciega y aristocrática y en donde las mujeres tomaron el rol fundamental como representantes de la literatura japonesa, delineando así una influencia que fue de suma importancia para el posterior desarrollo de la literatura japonesa. Otro de los períodos más interesantes para destacar de la literatura japonesa fue Edo, con un mayor desarrollo urbanístico, el ukiyo-e y toda la filosofía detrás del concepto de “mundo flotante”, el cual refiere a la fugacidad de la vida y a la impermanencia. Es en este período que se desarrolla la poesía Haiku con el más grande representante de la literatura japonesa: Matsuo Bashō.

El desarrollo de la literatura japonesa en los períodos posteriores fue fuertemente influenciado por el contacto con las influencias extranjeras. El contacto con nuevas formas culturales y artísticas impactó fuertemente en la literatura japonesa no solo en el período Meiji sino también en la posguerra, donde autores como Yukio Mishima y Kenzaburō Ōe resultan ser algunos de los máximos representantes de la literatura japonesa en el mundo.  Se dice que actualmente, al igual que en el período Heian, las mujeres están tomando nuevamente el control de la literatura japonesa. Autoras como Banana Yoshimoto o Yoko Ogawa son fuertes voces femeninas que han afirmado su lugar dentro de la literatura japonesa contemporánea.

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8 autoras y autores japoneses

por Victoria Cardoso

Adentrarse en la literatura japonesa no es sencillo, la gran cantidad de autores y autoras japonesas es inmensa y las temáticas tan variadas que es prácticamente imposible decidir por dónde empezar. 

Vamos a tratar de abrir un poco el panorama para que la experiencia de acceder a estos autores y autoras japonesas sea lo más enriquecedora posible:

Banana Yoshimoto es una de las autoras más célebres y reconocidas a nivel mundial. Nacida en 1964 en la capital de Japón, ingresa al mundo de las letras con Kitchen, una novela corta que incluye también el cuento titulado “Moonlight shadow”. Tanto la novela como el cuento relatan la pérdida y la soledad y de cómo el amor y la complicidad pueden mitigar la tristeza. 

Algunos otros libros de la autora son: Amrita, N.P y Recuerdos de un callejón sin salida. 

Natsume Soseki es uno de los autores japoneses más conocidos de los últimos tiempos. Nacido en 1867, estudió Lengua Inglesa e impartió clases de inglés en una zona rural de Japón. Luego de casarse, obtuvo una beca para especializarse en inglés en Londres. Esos tres años fueron los peores de su vida, aunque pudo leer a muchos autores occidentales que fueron de gran inspiración. 

Algunas de sus obras más reconocidas son Kokoro, Botchan y Soy un gato

Fue uno de los autores que más pudo representar la inestabilidad que se había generado en la sociedad japonesa a partir de la apertura del país a las potencias occidentales. 

Yoko Ogawa, autora nacida en 1962, estudió Letras en la Universidad de Waseda y posee en la actualidad muchas novelas traducidas a varios idiomas. Una de sus obras más conocidas y ganadora del prestigioso premio Akutagawa es El embarazo de mi hermana, en donde la narradora relata el proceso de embarazo de su hermana mayor con cierta frialdad atemorizante. Otro de los títulos de esta autora que no puede pasar desapercibido es La policía de la memoria. 

Rintaro Takeda nació en 1904 en la prefectura de Osaka y fue un escritor representativo de la literatura proletaria. La editorial argentina También el caracol editó algunos de sus cuentos bajo el título de La ópera japonesa de los tres centavos en donde se relata la crudeza de la marginalidad. 

Sayaka Murata (村田沙耶香) nació en 1979 en Inzai, prefectura de Chiba, Japón. Realizó muchos cursos de escritura durante su juventud, pero lo más llamativo para contar sobre Sayaka es que, al igual que la protagonista de La dependienta, trabajó durante varios años como empleada en un supermercado de Tokio y en el comedor de la editorial que publica sus libros. Ella misma indica que necesita de una rutina estructurada para poder concentrarse en su escritura y que este tipo de empleos le permiten observar a las personas e inspirarse en nuevos temas para sus libros, los cuales abordan temas como los roles de género en la sociedad japonesa, la maternidad y la asexualidad.

Lafcadio Hearn posee una historia de vida muy particular. Si bien su nombre no es japonés, su corazón se instaló en Japón para nunca más irse de allí. 

Hijo de madre griega y padre irlandés, su infancia fue marcada por la tristeza ya que sus padres lo abandonaron a  su suerte en casa de un familiar paterno. Es por eso que desde joven viajó de lugar en lugar, tratando de encontrar un sitio de pertenencia, un hogar. Japón fue para Lafcadio su hogar, y allí, luego de casarse, obtuvo la nacionalidad japonesa y el nombre Koizumi Yakumo. Realizó las primeras traducciones al inglés de los relatos folclóricos japoneses más relevantes, principalmente historias de terror. 

Algunos de sus títulos más conocidos son: Kwaidan, kokoro y la bella edición de La canción del arrozal, editada por También el caracol. Un maravilloso ensayo sobre la importancia de los insectos y otros animales en la poesía y en el arte japonés. 

Kazuo Ishiguro es un prolífico escritor japonés nacido en 1954. De pequeño se mudó con su familia a Londres, donde obtuvo la nacionalidad británica y a pesar de que la mayor parte de su vida la pasó fuera de Japón, sus obras se inspiraron en el ambiente de la posguerra o en los grandes avances tecnológicos, como por ejemplo en su última novela Klara y el sol, que relata la relación entre humanos e inteligencias artificiales. 

Ryu Murakami es un escritor y director de cine nacido en 1952 en la Prefectura de Nagasaki. Su obra más conocida se titula Azul casi transparente y refleja la crudeza y la violencia de la vida de un grupo de adolescentes que están sumamente desinteresados y desilusionados del mundo y de sus propias vidas, lo cual los lleva por un camino de adicciones y de autodestrucción inminente. Otro de los títulos del autor es la novela de suspenso psicológico titulada Sopa de miso. 

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5 libros de escritores japoneses

Un recorrido por la historia de la literatura japonesa con sus escritores más relevantes y libros recomendados

por Victoria Cardoso

Es sabido que actualmente son muchos los escritores japoneses que se encuentran entre los más leídos en el mundo. 

Al preguntar sobre escritores japoneses es imposible no pensar en Yasunari Kawabata, Haruki Murakami, Yukio Mishima, Ryūnosuke Akutagawa y muchos otros autores reconocidos a nivel mundial. 

Para poder dar a conocer una pequeña parte del vasto mundo de escritores japoneses partiremos desde el período Edo, que va desde 1603 a 1868, hasta llegar a la actualidad. 

Qué es el haikú – escritores japoneses

En aquella época se destaca principalmente el género poético conocido como haiku, con varios escritores de renombre como Matsúo Basho (1644-1694), Yosa Buson (1716-1784) y Kobayashi Issa (1763-1827). Muchos de estos escritores japoneses eran también monjes budistas. Había una fuerte relación entre el arte y la religión. 

El haikú es un poema de 17 sílabas repartidas en tres versos: el primero de 5 sílabas, el segundo de 7 y el último de 5. Desde el contenido, suele dividirse en dos partes: una da la condición general de tiempo y espacio (otoño, primavera, atardecer, noche, un árbol, una roca). La otra contiene un elemento activo. Una es descriptiva y casi enunciativa; la otra inesperada. La percepción poética surge del choque entre ambas.

Un viejo estanque:
salta una rana. ¡Zás!
qué chapaleo

Matsúo Basho

Al Fuji subes
despacio –pero subes,
caracolito.

Kobayashi Issa

El período Meiji de la literatura japonesa

Un poco más cerca en el tiempo, están los escritores japoneses del período Meiji, que va de 1868 hasta 1912. Japón abre sus puertas a Occidente luego de haber estado aislado durante años y es a partir de este momento que comienza a haber fuertes contactos entre escritores occidentales y escritores japoneses. Las influencias extranjeras comienzan a permear en la sociedad japonesa afectando en todas las esferas de la vida social. 

En este período los escritores japoneses más influyentes son Mori Ogai y Natsume Soseki. Ambos escritores tuvieron contacto con occidente, Ogai viviendo y estudiando en Alemania y Soseki en Inglaterra. Una de las cosas más interesantes para mencionar sobre este período es que a partir del gran choque cultural que se dio tras la apertura de Japón, los escritores japoneses comenzaron a cuestionar el concepto de novela moderna tal y como era concebida en occidente, generando nuevas formas de expresión artística. 

Otros escritores japoneses que es imposible no mencionar son Ryunosuke Akutagawa, autor de Rashomon que tuvo su versión en cine filmada por Akira Kurosawa, y Junichiro Tanizaki, autor de El elogio de la sombra, siendo ambas obras fundamentales dentro de la literatura japonesa.

El período de posguerra y los escritores japoneses contemporáneos

Respecto al período de posguerra, se destacan escritores japoneses como Yukio Mishima, autor prolífico de novelas, obras de teatro, relatos y ensayos, y Osamu Dazai, cuyas obras reflejan el sentimiento de la derrota y los traumas de la guerra. 

En cuanto a los escritores japoneses contemporáneos, podemos mencionar a Haruki Murakami, que retoma la influencia de la música occidental, principalmente el jazz. Sus obras reflejan el desamor y la soledad, como a la vez los límites difusos entre la fantasía y la realidad. Su hit en español fue Tokyo Blues (1987), pero también se destacan Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1995), Sputnik, mi amor (1999), Kafka en la orilla (2002), After Dark (2004), y 1Q84 (2009). Otras escritoras japonesas destacadas son Banana Yoshimoto con su novela debut Kitchen, y Sayaka Murata con su libro La dependienta.

Tampoco podemos dejar de mencionar a Yasutaka Tsutsui, eminencia de la ciencia ficción, con obras como Paprika y Los hombres salmonela en el planeta porno, entre muchas otras.

A continuación te recomendamos cinco libros de escritores japoneses.

Segundo matrimonio – Yasunari Kawabata

“Cuando nos casamos, yo tenía treinta y cinco y ella veintiocho. Primer matrimonio para mí, el segundo para mi mujer. Con su anterior marido, había tenido dos hijos, que quedaron a cargo de la familia política, pues al enviudar ella abandonó el hogar. Nos conocimos en su trabajo y nos casamos.

No pudimos tener hijos y como me sentía en parte responsable, varias veces le propuse recibir a uno de los suyos (al varón o a la niña, que a mi juicio lo merecía más), pero nunca me prestó atención y yo no insistía pues no era un asunto perentorio”.

Con este comienzo prometedor, arranca esta novelita (102 páginas) de Yasunari Kawabata (1899-1972) que se lee en un suspiro. El conflicto se desata en “Segundo matrimonio” cuando Fusako, la hija de la mujer del narrador, decide casarse, lo cual le dispara indagar en la relación de su madre con su difunto padre. Reavivar esa historia lejana despierta el fantasma de la inquietud y los celos para el narrador, quien también deja entrever una tensión (por momentos sexual) con su hijastra. Como en otros libros de Kawabata, hay un par de momentos contemplativos que le dan un giro a la historia: la visión de un manzano en un templo y el vaivén de las olas.

“Segundo matrimonio” se publicó por entregas en 1948, y recién en 1953 se editó como libro.

La dependienta – Sayaka Murata

Al leer La dependienta de Sayaka Murata (Japón, 1979) , uno siente que puede cuestionarse muchas cosas que son más bien automáticas en nuestro día a día: el trabajo, los vínculos, la mirada del otro sobre nuestras acciones y todas aquellas cosas que hacemos para sentirnos tranquilos (y de vez en cuando felices) en un mundo que no para ni un segundo.

Keiko Furukura tiene 36 años, es soltera y toda su vida sintió que había algo en ella que no encajaba con las demás personas a su alrededor. Se peleaba con sus compañeros del colegio, no se sentía a gusto con las cosas que se suponía que debían gustarles a las chicas de su edad y en muchas ocasiones los demás hablaban de ella como algo que debía ser “curado”. Sin embargo, esa visión que tiene de sí misma comienza a cambiar luego de conseguir trabajo como empleada en una tienda que se encuentra abierta las veinticuatro horas, los trescientos sesenta y cinco días del año:

“Entonces sentí por primera vez que formaba parte del mundo, como si acabara de nacer. Aquel día había surgido una nueva pieza que encajaba con total normalidad entre las demás: yo”.

La novela nos habla, en parte, de lo que significa ser normal y funcional en la sociedad japonesa contemporánea. Y no es cualquier sociedad a la cual pertenecer. Hablamos de una sociedad en la cual las mujeres, al casarse, automáticamente dejan de trabajar para encargarse de sus hijos y de sus hogares. Hablamos de una sociedad en la que los niños cometen suicidio porque desde pequeños tienen que cumplir con una extenuante y rigurosa vida escolar y en donde muchas personas fallecen por el estrés y el excesivo ritmo laboral . En una vorágine similar, es casi imposible dar marcha atrás.

La mejor opción parecería ser reprogramar nuestros circuitos (siempre que sea posible) y salir al mundo, cual autómatas, esperando pasar desapercibidos o perecer en el intento. Publicada por Duomo Ediciones.

El signo de los tiempos – Sakunosuke Oda

El signo de los Tiempos

La editorial También el caracol publicó El signo de los tiempos, que reúne 4 relatos. El que da título al libro, más «Bajo la sexta estrella de metal blanca», «Ciudad de árboles» y «Otoño profundo».

Kitchen – Banana Yoshimoto

Es la primera novela de la autora, Banana Yoshimoto, y una de las mejores, según la opinión de los lectores. Publicado en 1988 y traducido al castellano en 1991, el libro se divide en la novela Kitchen y el cuento “Moonlight Shadow”. Ambos retratan la pérdida de los seres queridos y la capacidad de los personajes de superar la tristeza a partir del amor, amor hacia otras personas o hacia los electrodomésticos. La relación que tenemos con los objetos inanimados puede ser una forma de trabajar nuestros duelos, funcionando como puentes entre lo que permanece en este plano y aquello que ya no existe entre nosotros. 

La canción del arrozal – Lafcadio Hearn

De madre griega y padre irlandés, Lafcadio Hearn (1850-1904) viajó a Japón en 1890 y se deslumbró a tal punto con su cultura que se hizo budista, se nacionalizó japonés, cambió su nombre al de Koizumi Yakumo y murió en Tokio.

La canción del arrozal es un compendio de ensayos suyos que hablan sobre animales e insectos en la poesía japonesa. Así, los capítulos se llama: Ranas, Cigarras, Libélulas, Mariposas, Luciérnagas, y el último y más asombroso, Insectos músicos. La edición viene con ilustraciones hermosas de @manu.s1m

«Me pasó el otro día en la costa de Suruga. Mientras descansaba debajo de los pinos que bordean la playa, algo en el calor vital y la paz luminosa de ese momento del día -una especie de rapto conmovedor de viento y luz- reavivaron de pronto una antigua creencia mía: la creencia de que todos los seres somos uno. Me sentí uno con la brisa y con el avance de las olas, con cada movimiento de sombras y cada destello del sol, con el azul del cielo y del mar, con el imponente silencio verde de la tierra. Me convencí, de un modo nuevo y maravilloso, de que no pudo haber nunca un principio, de que no podrá haber nunca un final».